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• Escala cromática y vibraciones magnéticas de los colores
• Entorno favorable para el aprendizaje

26. COLORES, SABORES Y OLORES EN LOS ALIMENTOS DE LOS NO VIDENTES Índice

El cuerpo humano no está preparado para vivir en un lugar sin colores. Nuestras noches las vivimos en total oscuridad pero rodeados por el campo magnético solar. El no vidente, también vive y desarrolla su vida envuelto en estas energías. Todos nuestros sentidos se desarrollan a través de estas ondas magnéticas solares, que son las que irradian colores. En la ingestión de todos sus alimentos, los no videntes, están influidos por estas radiaciones lumínicas, aunque no las perciben visualmente y estas mismas radiaciones impregnan el entorno volátil con olores, que activan sensores corporales, estas incitan el apetito y el desarrollo de la vida psicofísica, al sentido olfativo se le da prioridad para suplir la visión. La percepción de las siluetas, de los perfiles de los volúmenes de su entorno lo suple con el tacto al que se le aferra concientemente y que es el sensor más amplio que envuelve nuestro cuerpo en su totalidad, también actúa con fuerza el auditivo, los sonidos son propagados en el espacio a través de las ondas magnéticas solares (las que reflejan colores) que tampoco se ven, estas ondas sonoras les permite percibir distancias, recintos cerrados o abiertos, vacíos o con gente, patios con paredes o sin ellas, pasillos, etc. Los sonidos los acompañan mientras caminan en la vía pública y el silencio “emite” sonidos indicativos, dependemos de muchos factores sensoriales supliendo la visión, pero es imposible suplir las energías magnéticas que irradian los colores. El no vidente, se alimenta, selecciona comestibles, que acepta o rechaza, mastica, segrega saliva, traga, digiere, etc. En estos procesos han intervenido varios sentidos, que la Dra. Miguelina Guirao, los identifica como “sentidos químicos”. Cuando no actúa la visión, los otros sentidos la suplen. El cerebro enfoca a percibir con éxito lo que sus necesidades psico fisiológicas le demanden para sobrevivir y desarrollar sus capacidades cognitivas. Sabemos que la luz solar es símbolo de vida y que el no vidente necesita sus ondas magnéticas para desarrollar todos sus sentidos, todo ser humanos las necesita.
Los que usamos el sentido visual, seleccionamos los alimentos, en primer termino por los colores, silueta, forma, tamaño, y sin darnos cuenta necesariamente recurrimos al olfato para asegurarnos de que está fresco, que va a tener el “sabor” que esperamos y que nos va a agradar. El olor es esencial en los alimentos, es rememorable y evocador para hacer trabajar a nuestra mente, una cena familiar con carnes y papas al horno, el olor a las pastas y sus salsas, los olores retornan a nuestra memoria con el perfume de las hierbas aromáticas, los olores de las frutas. Con sólo pensar en estos perfumes, la nariz percibe y analiza aromas aún mentalmente. Gran parte del sabor de las comidas dependerán de su olor. Pero antes que algún alimento pueda ser olfateado, su olor tiene que estar en el aire. Gran parte del sabor de la comida depende de su olor y del “sentido químico” que poseemos. Seleccionando el olor, encontramos el sabor.
Y la luz solar con sus ondas magnéticas (que vemos como colores), hacen emanar olores que el no vidente percibe con claridad y el que usa la visión, puede hacer intervenir a su mente y recordando, a través de una fotografía, o delante de una vidriera de comidas, a través del vidrio herméticamente, puede percibir olores y a través de ellos segregar jugos gástricos.
El no vidente también a través de sus sentidos, puede percibir olores para seleccionar lo que va a ingerir, el olor es el sentido mudo que guía a los no videntes en la selección de sus alimentos, aquel que conoció los colores, los rememora. Todos los colores de los alimentos refractan por lógica energías que también actúan sobre las glándulas endocrinas y existe una relación directa y constante entre estos destellos y nuestro sistema nervioso de la que ningún ser humanos puede evadirse. Los no videntes, viven con los “ojos cerrados”, pero rodeados de luz, con sus colores y sus refracciones, pero no viven en un pozo negro sin luz solar. Se debe marcar la diferencia entre sin luz y sin ver. No ven los colores pero sí perciben las energías solares. Los valores simbólicos que les damos a los colores alas formas a las siluetas y a los volúmenes, los que no los han podido conocer visualmente, aprendieron a través de sus guías y maestros a interpretarlos, es lindo, es feo, es grande y es un mueble muy agradable o no, es un cuadro alegre o triste, las banderas, los escudos, los colores alegres, chillones, tristes, lindos, feos, etc. El no vidente reafirma con el tacto, el olfato, y con todos sus otros sentidos.
Miguelina Guirao, jefa de investigaciones sensoriales, investigadora de los mecanismos neurobiológicos y psicofísicos de los procesos sensoriales y perceptivos de la Facultad de Medicina, informa que “todos los sentidos forman parte del sistema nervios y cognitivo. La emoción y el placer son una resonancia frente a una percepción de “sensaciones” que evocan otras sensaciones (sinestesia) que se habían percibido simultáneamente en otras circunstancias, ese aspecto es neurofisiológico”. Cuando algunos de los sentidos se activan para suplir a otro, éstos se exacerban al máximo.
Diane Ackerman, (investigadora sensorial en su libro Historia Natural de los sentidos – Emece 1992) comenta que, el cerebro registra y guarda todos los olores experimentados, entre ellos los comestibles, asociados a otros sentidos que nos permiten experimentar sensaciones que no se pueden describir a otras personas. Nuestro sentido del olfato puede captar con una precisión extravagante cualquier olor, pero sería imposible describir como huele algo o alguien que no lo está oliendo. Las sutiles diferencias de olores de una ensalada de verduras crudas o cocidas, o perfumes de distintas flores de una misma familia. El cerebro registra y guarda con interés los olores comestibles. Debería haber una palabra que defina el olor de la lechuga fresca o de chauchas hervidas o huevo crudo o frito. Una palabra que identifique el olor de un flan o de un pan recién horneado, o el olor de una panadería. Muchas de las comidas que pensamos “gustarlas” solo podemos “olerlas”. Saboreamos solo cuatro sabores: dulce, acido, salado, amargo; lo que significa que todo lo demás que llamamos “sabor”, es en realidad “olor”. Si nos cubrimos los ojos, dejamos de ver, si nos tapamos las orejas, dejamos de oír, pero si nos tapamos la nariz y tratamos de dejar de oler nos morimos. Cuando respiramos pasamos el mundo que nos rodea a través de nuestro cuerpo y para reconocer que es lo que estamos oliendo recurrimos a nuestros sentidos memoriosos, a la memoria. Cuando tenemos en la boca algo que queremos saborear y analizar, exhalamos, eso impulsa el aire de nuestra boca a través de nuestros receptores olfatorios. Eso también hace el no vidente para identificar la calidad de su alimento, el magnetismo de los colores influye, pero no necesita verlos, sus energías resaltan o anulan olores. Otro tema más amplio a tratar será “los olores dentro de un recinto negro, sin luz”.


¿Cómo se las arregla el cerebro del ciego para identificar y catalogar tantos olores?

En la teoría del olfato J.E Amoore analiza “la teoría Estéreo Química” (Edición Lloyd – M. Beidler. N.Y), la relación que existe entre las formas geométricas de las moléculas y las sensaciones odoríferas”, la mente las cataloga, analiza y recuerda. Cada día respiramos unas veinte mil cincuenta veces, cuando dormimos seguimos respirando y sintiendo “olores” y “sabores” que la mente percibe o rememora y analiza.
La luz regula el ritmo cotidiano corporal aun en los no videntes, la luz y su energía codifican el sueño, explica el Dr. Daniel Cardinali, director del Laboratorio de Neuroconciencia y del Dpto. de Fisiología de la Facultad de Medicina, de la Universidad de Buenos Aires (U.B.A), “la penumbra y la falta de luz adormecen, visual y mentalmente, exige un esfuerzo especial a la mente y a todos los sentidos sensoriales”. La energía del color refracta electromagnetismo que regula el ritmo cotidiano de los seres vivientes, si la luz es inadecuada el cansancio se acumula, y esto también lo perciben los ciegos, los ritmos lumínicos diarios percibidos por los sensores cutáneos (el tacto es el aparato sensitivo mas extenso, donde hay piel, hay tacto, y los ciegos exacerban ese sentido y viven esa experiencia personal por todo su cuerpo). Estos sensores regulan ciclos de apetencia, de accionar y de descanso. La poca luz sobre los colores del entorno, abruma y adormece a cualquier ser humano, impacta mas a los niños es un factor “ergonómico” (relacionado con el rendimiento físico) la persona carece de sentido de la visión, no carece del sentido sensorial en la epidermis, también todo su cuerpo es receptor del sistema “ergonómico”.
De la misma manera el cuerpo afectado por la influencia de la luz infrarroja, de los rayos ultravioletas y de la electricidad estática (entre otras energías) recepcionadas por la zona cutánea y descifrada en la región cortical del cerebro, no las vemos, pero todos percibimos su calor y estímulos enérgicos que estas radiaciones emanan. En estas recepciones cutáneas, están involucrados todos los centros sensoriales que impulsan el crecimiento. Las plantas no ven, pero absorben estas energías emanadas por la luz. Nuestros centros sensoriales regulan y captan las energías cotidianas para el crecimiento. Los que no ven, de la misma manera que los que usan el sentido de la visión experimentan y sufren las energías de los rayos ultravioletas. Principalmente por su efecto lacerantes, sus ondas magnéticas son profundamente penetrantes atraviesan todos los cuerpos orgánicos sin respetar densidades, como así también la refracción de sus colores violáceos, en todas sus densidades, estas quemaduras al cuerpo humano son las respuestas fisiológicas de la epidermis. El no vidente, también es victima de estos rayos emanados de la luz, éstas son influencias silenciosas que normalmente no se las tienen en cuenta cuando se seleccionan colores para entornos que involucran a los niños.

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1. Introducción
1.2. ¿Qué es el juego para el infante?
La influencia de los perfiles, las líneas los volúmenes y los colores de los objetos con los que los niños juegan.
2. La influencia de las formas en los juegos infantiles
3. La influencia de los símbolos y sus estímulos
4. ¿Qué es el juego para el niño?
5. El juego como necesidad de expresión inconciente
6. El juego como necesidad de expresión inconciente y maduración vivencial
7. El juego como necesidad de expresión inconciente - Los sentidos
8. Armonía y sincronía interaccional durante el juego del niño - Los sentidos
9. El juego como necesidad de expresión inconciente y maduración vivencial
10. Jugando con el ritmo y los sonidos
11. Visión y percepción durante el juego
12. El juego en los niños no videntes
13. El juego en los niños no videntes - Ritmos y sonidos
14. El juego en los niños no videntes - Conformaciones y estructuras musicales
15. Entorno y convivencia con los sonidos - Percepción tonal
16. Desarrollo táctil durante el juego
17. Necesidades del amplíope durante el juego
18. El juego en los niños zurdos
19. El sentido olfativo y la intususcepción
20. Jugar con el agua
21. El desarrollo de la memoria durante el proceso del juego
22. Propuestas de estructuras
23. Advertencias de cuidados
24. Antecedentes biográficos
25. Luz Solar – Influencia de los colores
26. Colores, Sabores y Olores
En los alimentos de los no videntes
27. Diseños y Colores de Estructuras para Jugar
28. ¿Qué es el color?
¿Qué es lo que vemos como color?
29. Influencia de los colores
30. Colores, Luces, Arte y Ciencia en los no videntes
31. ¿Qué son los colores?
¿Qué vemos como color?
No existen colores secundarios de otros
Escala cromática
33. Escala cromática
34. Los sentidos y la percepción de los colores durante el acto del juego
35. Entorno favorable para el aprendizaje
36. Juegos y reeducación.
Madurando vivencias
37. Los Sentidos
Autor
Antonio Auriti Primavera
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